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Probióticos para SIBO: cuándo ayudan y cuándo empeoran

Probióticos para SIBO: qué cepas tienen estudios, cuándo ayudan, cuándo empeoran los síntomas y en qué fase del tratamiento tiene sentido tomarlos.

Celia Garcia-Cesto Huret 13 min de lectura
Portada de Nutriceli sobre fondo lavanda muy claro, con círculos suaves en lila y verde salvia en las esquinas y el título sobre probióticos y SIBO en letras grandes azul oscuro.

Sí, se pueden tomar probióticos para SIBO, pero no cualquiera ni en cualquier momento. Un metaanálisis de 18 estudios encontró que las personas con sobrecrecimiento bacteriano que los tomaban normalizaban el test de aliento con más frecuencia, producían menos hidrógeno y tenían menos dolor abdominal (Zhong et al., 2017). Los mejores resultados aparecen cuando se combinan con el antibiótico.

Al mismo tiempo, la guía del American College of Gastroenterology no recomienda ninguna cepa concreta porque los estudios son pequeños y poco consistentes (Pimentel et al., 2020), y en algunas personas empeoran la hinchazón. Aquí te explico qué cepas tienen datos, en qué fase del tratamiento encajan y cuándo conviene dejarlos.

Por qué tomar probióticos si ya tienes demasiadas bacterias

Es la objeción más lógica, y durante años fue la postura por defecto: si el problema es un exceso de bacterias en el intestino delgado, añadir más parece echar leña al fuego. Si necesitas repasar qué es exactamente el sobrecrecimiento y por qué da síntomas, empieza por la guía completa del SIBO.

La clave está en qué bacterias añades. En el SIBO importa la cantidad de microorganismos, pero también cuáles son y qué producen. Algunas cepas probióticas compiten con las del sobrecrecimiento por el espacio y el alimento, liberan sustancias antimicrobianas o ayudan a regular la respuesta inmunitaria de la mucosa (Martyniak et al., 2025). Otras, en cambio, fermentan igual que las bacterias del SIBO y suman gas.

Por eso la pregunta “¿puedo tomar probióticos?” se queda corta. Para responderla hay que concretar qué cepa, en qué momento del tratamiento y con qué objetivo.

Qué dice la evidencia sobre probióticos y SIBO

Hay evidencia, pero de calidad modesta. Estos son los datos que más pesan:

  • Normalizan el test de aliento con más frecuencia. En el metaanálisis de Zhong et al. (2017), el grupo con probióticos eliminó el SIBO más a menudo que el grupo sin ellos. La tasa media de descontaminación fue del 62,8 %: en torno al 53 % en los estudios con probióticos solos y al 85 % en los que se combinaban con antibiótico. Son estudios distintos, así que no es una comparación directa, pero la tendencia es clara.
  • Bajan el hidrógeno y el dolor. El mismo trabajo encontró una reducción media de 36 ppm de hidrógeno espirado y menos dolor abdominal, sin cambios en el número de deposiciones diarias.
  • No previenen el SIBO. La tendencia a tener menos casos entre quienes tomaban probióticos no fue significativa. Este dato importa, porque mucha gente los mantiene durante meses con la idea de evitar una recaída.
  • Las guías no recomiendan cepas concretas. La guía clínica del American College of Gastroenterology reconoce que los probióticos parecen reducir la producción de hidrógeno, pero considera que los datos son demasiado inconsistentes para recomendar un producto específico (Pimentel et al., 2020).
  • No encabezan las comparativas entre tratamientos. El metaanálisis en red más reciente, con 30 ensayos y 1.552 pacientes, situó en cabeza a la berberina en el SIBO sin complicaciones, a la rifaximina con procinético cuando hay trastornos digestivos funcionales y al procinético solo en la enfermedad hepática crónica (Zhang et al., 2025). Ningún probiótico lideró esos escenarios.
  • El beneficio depende del perfil del paciente. En personas operadas de cirugía bariátrica, un metaanálisis no encontró beneficio de probióticos ni simbióticos sobre el SIBO (Wagner et al., 2025).

Traducido a la práctica: los probióticos para SIBO pueden ser un buen acompañante del tratamiento, pero la evidencia no sostiene usarlos como tratamiento único. Si lo que buscas es la secuencia completa (antimicrobiano, dieta y procinéticos), la desarrollo en cómo eliminar el SIBO paso a paso.

Cepas de probióticos para SIBO con estudios

Cuando se baja al nivel de cepa, la lista es corta. Estos son los probióticos que se han estudiado en personas con SIBO, con el tipo de estudio para que puedas valorar cuánto pesa cada resultado:

ProbióticoEstudioQué se observóSolidez
Saccharomyces boulardiiEnsayo piloto abierto, 40 pacientes con esclerosis sistémica (García-Collinot et al., 2020)Erradicación del 33 % en monoterapia y del 55 % junto a metronidazol (25 % con metronidazol solo). Menos diarrea, dolor y gasesBaja-moderada
Bacillus clausii40 pacientes, sin grupo control (Gabrielli et al., 2009)Test de aliento normalizado en el 47 % tras un mes de tratamientoBaja
Mezcla de L. casei, L. plantarum, Streptococcus faecalis y Bifidobacterium breveEnsayo piloto aleatorizado frente a metronidazol, 50 pacientes (Soifer et al., 2010)Mejoraron 20 de 25 personas con el probiótico frente a 13 de 25 con metronidazol, medido con un cuestionario de síntomasBaja
Limosilactobacillus reuteri DSM 17938Estudio retrospectivo, 20 personas con estreñimiento y metano elevado (Ojetti et al., 2017)Menos metano y más deposiciones a las 4 semanasBaja

Hay dos matices que casi nunca se cuentan. El primero: el dato más citado de S. boulardii viene de pacientes con esclerosis sistémica, una enfermedad en la que el SIBO suele deberse a una motilidad intestinal muy alterada. Trasladarlo a cualquier SIBO es un salto.

El segundo: S. boulardii es una levadura, así que los antibióticos antibacterianos no la eliminan. Eso permite tomarla a la vez que el antibiótico sin que este la inactive, algo que no ocurre con los probióticos bacterianos.

Probióticos según tu tipo de SIBO

El tipo de gas que produce tu sobrecrecimiento cambia bastante lo que tiene sentido probar:

  • SIBO de hidrógeno. Casi todos los estudios de la tabla midieron hidrógeno, así que es el tipo con más datos. Si predomina la diarrea, S. boulardii es la opción mejor documentada.
  • SIBO de metano (IMO). La evidencia es más escasa. L. reuteri DSM 17938 redujo el metano y mejoró el estreñimiento en un estudio retrospectivo pequeño (Ojetti et al., 2017), que sirve como hipótesis más que como pauta. Como la motilidad suele ir lenta, cualquier fermentación extra se nota más. El resto del abordaje lo tienes en SIBO de metano (IMO): qué cambia y por qué cuesta más tratarlo.
  • SIBO de sulfuro de hidrógeno. No conozco ensayos de probióticos diseñados para este tipo. Cualquier recomendación de cepa sería extrapolada, y aquí pesa más ajustar la alimentación, como explico en SIBO de sulfuro de hidrógeno (H2S): síntomas y tratamiento.
  • SIBO con intolerancia a la histamina. Algunas cepas producen histamina y pueden aumentar los picores, el dolor de cabeza o el enrojecimiento en personas reactivas. La elección tiene que ser todavía más fina; te lo cuento en SIBO e intolerancia a la histamina.

Cuándo tomar probióticos en el tratamiento del SIBO

El momento cambia mucho el resultado. Así encajan en cada fase.

Antes de la prueba de aliento: suspenderlos

Los probióticos modifican la producción de gases y pueden alterar el resultado del test. Lo habitual es suspenderlos entre dos y cuatro semanas antes, según el centro. Tienes la preparación completa en prueba del SIBO: preparación, resultados e interpretación.

Durante la fase de reducción: como acompañante

Es la fase con más datos a favor. Las tasas de descontaminación más altas del metaanálisis de Zhong aparecen al combinar probiótico y antibiótico, y una revisión de 2025 concluye que añadir probióticos puede aumentar la eficacia del tratamiento antibiótico (Martyniak et al., 2025).

  • S. boulardii puede tomarse a la vez que el antibiótico, porque al ser una levadura no le afecta.
  • Si el probiótico es bacteriano, en la práctica se suele separar unas horas de la toma del antibiótico. Es una pauta de sentido común más que un dato de ensayo.
  • Los estudios de la tabla usaron pautas de entre 4 y 8 semanas. Más allá de ese plazo sin cambios, no tiene sentido seguir por inercia.

Después de erradicar: con objetivo y fecha de fin

Al terminar el antibiótico o los herbáceos, un probiótico puede acompañar la recuperación mientras vuelves a ampliar la dieta. Si estás en ese punto, te interesa también cómo reintroducir alimentos después del SIBO sin mezclar variables.

Lo que no hace es evitar la recaída por sí solo: en el metaanálisis de Zhong no hubo un efecto preventivo significativo. Si el SIBO vuelve, lo habitual es que la causa siga ahí (motilidad lenta, fármacos como el omeprazol o alteraciones anatómicas). Lo desarrollo en causas del SIBO: por qué aparece y por qué vuelve.

Cuándo los probióticos pueden empeorar el SIBO

Los probióticos se toleran bien en general, pero hay situaciones en las que conviene frenar:

  • Más gases o hinchazón. En el ensayo de S. boulardii, un 22 % de quienes lo tomaban en monoterapia notó flatulencia o diarrea como efecto adverso (García-Collinot et al., 2020). Si el empeoramiento es claro y no cede en una o dos semanas, esa cepa no te conviene en este momento.
  • Niebla mental. Un estudio describió a 30 personas con niebla mental, gases e hinchazón que tomaban probióticos. El 68 % tenía SIBO y el 77 % acidosis D-láctica (acumulación de un ácido que producen algunas bacterias al fermentar azúcares), y la mayoría mejoró al dejar los probióticos y hacer un tratamiento antibiótico (Rao et al., 2018). Otros investigadores señalaron que el estudio muestra una asociación, no una causa, y que los niveles de D-lactato eran bajos (Quigley et al., 2018). Mi lectura es prudente: si notas niebla mental mientras tomas probióticos y además tienes mucha hinchazón, merece la pena revisarlo con un profesional.
  • Prebióticos añadidos. Muchos productos llevan inulina, fructooligosacáridos (FOS) o galactooligosacáridos (GOS). Son fibras fermentables que alimentan también al sobrecrecimiento y chocan con la dieta baja en FODMAP. Revisa la etiqueta; los grupos que conviene limitar están en qué no comer con SIBO.
  • Situaciones de riesgo médico. En personas ingresadas, con catéter venoso central o con el sistema inmunitario muy debilitado se han descrito casos raros de fungemia (infección de la sangre por la levadura) asociados a S. boulardii (Rannikko et al., 2021). En estos casos, cualquier probiótico debe decidirlo el equipo médico.

Prebióticos y SIBO: la excepción de la goma guar

Si los probióticos generan dudas en el SIBO, los prebióticos todavía más, porque suelen ser justo el tipo de fibra fermentable que se reduce durante el tratamiento. Hay una excepción con un dato interesante: la goma guar parcialmente hidrolizada (PHGG), una fibra soluble que influye en la motilidad intestinal.

En un ensayo aleatorizado, añadir 5 g diarios de PHGG a la rifaximina durante 10 días subió la erradicación del SIBO del 62 % al 85-87 % (Furnari et al., 2010). Es un único estudio y no conviene generalizarlo, pero muestra que el tipo de fibra importa más que la etiqueta de “prebiótico”.

Mi enfoque como nutricionista especializada

Muchas de las personas con SIBO que llegan a consulta ya han probado algún probiótico por su cuenta. Unas notaron alivio, otras se hincharon más, y casi ninguna sabía qué cepa estaba tomando ni por qué. Yo misma pasé años con SIBO de metano y sé lo tentador que es probar cualquier cosa que prometa desinflamar.

Mi forma de trabajarlo es esta:

  1. Primero, diagnóstico y tipo de SIBO. Sin un test de aliento bien preparado, suplementar es apostar a ciegas, y el tipo de gas cambia la estrategia.
  2. El probiótico acompaña, no sustituye. El peso del tratamiento está en la fase de reducción, en la dieta y, sobre todo, en encontrar la causa.
  3. Por norma general, los introduzco al terminar la fase de reducción. Así, si aparece un empeoramiento, sé a qué atribuirlo. Hago excepciones cuando hay un motivo concreto, como la diarrea durante el antibiótico.
  4. Una cepa cada vez, sin prebióticos añadidos y con fecha de revisión. Si en unas semanas no hay cambio, se retira.
  5. Prudencia extra en perfiles sensibles, como la intolerancia a la histamina, el metano con motilidad muy lenta o la niebla mental.

Prefiero decirte que la evidencia es modesta a venderte un bote como solución. Bien elegidos pueden sumar; elegidos al azar, lo normal es que no hagan nada o que te hinchen más.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden tomar probióticos si tengo SIBO?

Sí, en la mayoría de los casos. Los estudios muestran que pueden ayudar a eliminar el sobrecrecimiento y a reducir el dolor, sobre todo combinados con el antibiótico. Conviene elegir una cepa con datos, evitar productos con inulina o FOS y usarlos dentro de un plan, no como tratamiento único.

¿Los probióticos empeoran el SIBO?

A algunas personas, sí. Lo más frecuente es notar más gases o hinchazón las primeras semanas. Si el empeoramiento es claro y no cede en una o dos semanas, esa cepa no te conviene ahora. Revisa también la etiqueta: muchos productos llevan prebióticos añadidos que fermentan.

¿Tomo los probióticos durante el antibiótico o después?

Las dos opciones tienen respaldo. Combinados con el antibiótico se han visto tasas de erradicación más altas, y S. boulardii puede tomarse a la vez porque el antibiótico no la inactiva. Después de erradicar, pueden acompañar la recuperación. Lo que no han demostrado es prevenir recaídas.

¿Qué probiótico va mejor para el SIBO de metano?

La cepa con algún dato es L. reuteri DSM 17938, que redujo el metano y mejoró el estreñimiento en un estudio retrospectivo con 20 personas. Es poca evidencia. En el SIBO de metano, el tratamiento de base (antimicrobianos, motilidad y dieta) pesa bastante más que el probiótico.

¿Tengo que dejar los probióticos antes de la prueba de aliento?

Sí. Pueden modificar la producción de gases y alterar el resultado. La mayoría de centros piden suspenderlos entre dos y cuatro semanas antes; si te dan plazos distintos, aplica el más largo.

¿El kéfir o el yogur sirven como probiótico si tengo SIBO?

Aportan microorganismos vivos, pero no las cepas ni las dosis estudiadas en SIBO. El kéfir tiene poca lactosa y muchas personas lo toleran bien. Otros fermentados, como el kimchi, suelen llevar ajo, y en general los fermentados tienen bastante histamina. Tómalos como alimento, no como tratamiento.

¿Los probióticos evitan que el SIBO vuelva?

Con la evidencia actual, no. En el metaanálisis de referencia, la tendencia a tener menos casos no fue significativa (Zhong et al., 2017). Las recaídas se previenen tratando la causa: motilidad lenta, fármacos como el omeprazol o alteraciones anatómicas.

En resumen

  • Los probióticos para SIBO pueden ayudar a eliminar el sobrecrecimiento, reducir el hidrógeno y aliviar el dolor, con mejores resultados junto al antibiótico.
  • La evidencia es modesta: estudios pequeños y guías que no recomiendan cepas concretas.
  • Las cepas con datos en SIBO son S. boulardii, Bacillus clausii y, para el metano, L. reuteri DSM 17938.
  • En algunas personas empeoran la hinchazón: prueba una cepa cada vez y evita productos con prebióticos fermentables.
  • No previenen recaídas. Eso depende de tratar la causa.

Si además tienes diagnóstico de colon irritable, las cepas con evidencia son otras; las repaso en probióticos para el colon irritable: qué cepas funcionan.

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Referencias

  1. Zhong, C., Qu, C., Wang, B., Liang, S., & Zeng, B. (2017). Probiotics for Preventing and Treating Small Intestinal Bacterial Overgrowth: A Meta-Analysis and Systematic Review of Current Evidence. Journal of Clinical Gastroenterology, 51, 300-311. DOI: 10.1097/MCG.0000000000000814

  2. Pimentel, M., Saad, R.J., Long, M.D., & Rao, S.S.C. (2020). ACG Clinical Guideline: Small Intestinal Bacterial Overgrowth. American Journal of Gastroenterology, 115(2), 165-178. DOI: 10.14309/ajg.0000000000000501

  3. Zhang, Q., Li, H., Chen, C. et al. (2025). Comparative efficacy of diverse therapeutic regimens for small intestinal bacterial overgrowth: a systematic network meta-analysis. Therapeutic Advances in Gastroenterology, 18. DOI: 10.1177/17562848251399033

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  5. García-Collinot, G., Madrigal-Santillán, E.O., Martínez-Bencomo, M.A. et al. (2020). Effectiveness of Saccharomyces boulardii and Metronidazole for Small Intestinal Bacterial Overgrowth in Systemic Sclerosis. Digestive Diseases and Sciences, 65(4), 1134-1143. DOI: 10.1007/s10620-019-05830-0

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  13. Rannikko, J., Holmberg, V., Karppelin, M. et al. (2021). Fungemia and Other Fungal Infections Associated with Use of Saccharomyces boulardii Probiotic Supplements. Emerging Infectious Diseases, 27(8). DOI: 10.3201/eid2708.210018

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